lunes, 2 de mayo de 2011

Noches que marcan.

Vino a recogerme en su moto. No estábamos juntos, pero vino a por mí, no sé por qué lo hizo, y nunca lo sabré. Me puse el casco, y subí. Nunca había subido a una moto tan grande, y me alegré de que la primera vez fuera en su moto, con él. Me agarré fuertemente a su cintura, podía tocar con la palma de mi mano su barriga, podía sentir su olor. Subimos una cuesta y pudimos ver toda la ciudad iluminada. Sin duda desee que se parara el tiempo. Me hubiese gustado pasar toda la eternidad abrazada a su cintura, viajando a 90km/h, con el aire acariciando nuestros rostros, una noche de septiembre. 
(MP)

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