lunes, 2 de mayo de 2011

Aquel año me sentí como un árbol. Ese otoño, se vinieron abajo todas mis ilusiones, todos mis sueños, todas mis esperanzas, al igual que caen las hojas de los árboles. En invierno, tuve frío, ya que no me quedaba nada, ni una hoja. En primavera, las cosas cambiaron, alguien me devolvió mis sueños, esperanzas e ilusiones, y el árbol floreció. Y ese verano, fue el mejor verano de la historia. 
(MP)

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