Érase una vez, una princesa que siempre lloraba, siempre estaba llorando, ya fuera porque estaba triste, o porque estaba alegre, o porque quería conseguir algo. Una niña que todo lo solucionaba llorando. Pero un día, intentó llorar, y no pudo. No caía ninguna lágrima de sus ojos, y entonces se puso muy triste de verdad. Probó a beberse toda el agua que pudo, pero no era capaz de llorar. El hechicero del reino la preparó su mejor poción para que llorase, y aún así fue incapaz de hacerlo. Entonces la princesa, se arrepintió por haber estado tanto tiempo llorando, y se puso muy, muy triste, pero ya era tarde, se había quedado sin lágrimas.
(MP)
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