sábado, 4 de junio de 2011

Entra en la discoteca. Parece una diosa, piensan muchos. Es una zorra, dicen otros. A ella le da igual, ha aprendido a escuchar únicamente a los que la quieren. Se dirige hacia sus amigas, sus verdaderas amigas. Entonces, su mirada se cruza con otra. Con esos ojos que ella conoce tan bien. Aquellos por los que un día, hacía tiempo, sintió amor. Pero ahora, solo puede dedicarles una mirada de odio. Una mirada de asco, de resentimiento. Una mirada que se acerca a la propia mirada del demonio. Una mirada cultivada con engaños y mentiras. 
(MP)

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